Nuestras palabras reflejan lo que pensamos. Y lo que pensamos depende de cuál sea nuestro paradigma, ese sistema de creencias en nuestro subconsciente fruto de nuestra experiencia y de nuestra herencia familiar y cultural. Algunas de esas creencias son limitantes. No nos dejan ver más allá y son un auténtico obstáculo en la vida.
Un ejemplo: creencias limitantes sobre el entorno de estudio
Al leer mi Guía Práctica: Cómo crear un buen ambiente de estudio, una madre hizo el siguiente comentario:
“Mi hijo dispone de un espacio de estudio que sigue todas las recomendaciones de la guía práctica. Pero él prefiere hacer los deberes tirado en el suelo o en la cama. ¿Cómo puedo lograr que opte por sentarse en la mesa? Leer en el suelo o la cama pase. Pero no escribir: es muy incómodo, provoca más errores y disminuye la concentración. Además, genera dolor de espalda.”

¿Qué creencias limitantes encierra el comentario?
Su comentario pone de manifiesto las siguientes creencias limitantes:
- “La libertad de elección trae problemas”: Si doy a escoger, mi hijo escogerá justo lo que no quiero o lo que no le viene bien.
- “Sólo hay una forma de hacer las cosas bien”: La mesa de estudio es el único lugar adecuado para hacer los deberes y cualquier otro es inapropiado.
- “Las malas posturas afectan al rendimiento y a la capacidad de concentración”: La idea de que una mala postura necesariamente lleva a cometer errores y reduce la capacidad de concentración es errónea. Algunos niños (y no tan niños) pueden concentrarse mejor en posturas que les resulten más cómodas, aunque no sean las más convencionales.
- “Si lees echado en la cama, te dolerá la espalda”: Este artículo lo he escrito sentada en la cama. Y me he pasado la vida encendiéndole la luz a mi hermana para leer. Ni yo tengo dolor de espalda ni mi hermana lleva gafas (ironías de la vida, ¡yo sí!).
- “Para mí sería incomodísimo”: La suposición de que todos los niños se benefician igualmente de las mismas condiciones, sin reconocer las diferencias individuales.
- “Lo que prefiero yo es lo mejor para mi hijo”: Un clásico. Asumir que el espacio de estudio ideal para el adulto es el único que funcionará bien para el niño, sin permitir que este experimente y descubra qué le resulta más cómodo y efectivo.
Cómo pueden influir negativamente en la relación con nuestros hijos
Nuestras creencias limitantes pueden condicionar nuestra forma de actuar y pensar, llevándonos a imponer normas y expectativas rígidas que no necesariamente se ajustan a las necesidades o preferencias de nuestros hijos. Esto puede crear tensiones y conflictos, deteriorando la relación con ellos al no sentirse comprendidos o valorados en sus propias decisiones.
Al permitir que estas creencias controlen nuestra forma de criar, podemos impedir el desarrollo de su autonomía y autoestima, limitando su capacidad de explorar y descubrir lo que realmente funciona mejor para ellos. Cuestionar y superar estas creencias es crucial para construir una relación más sana y empática con nuestros hijos.
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