Como madre, seguro que te has planteado mil veces cuál es el papel de los padres a la hora de los deberes: cómo actuar cuando tu hija o hijo está trabajando, qué grado de autonomía dejarle y dónde están tus límites reales. ¿Qué funciones te corresponden y cuáles no? Sabes que no eres su profe, pero ¿qué lugar debes ocupar para no interferir en su aprendizaje?
Este artículo te ofrece claves sobre cómo acompañar a tu hijo a la hora de los deberes. No encontrarás reglas rígidas: encontrarás inspiración para que tú y tu hijo encontréis juntos el camino.
La trampa del rol de profesora
Una de las trampas más comunes es que los padres asuman el rol de “profe en casa”.
El error es grave porque:
- Le robas autoridad al profesorado.
- Puedes confundir a tu hijo si explicas de forma diferente.
- Dificultas el desarrollo de su propia autonomía.
- Eres madre, no evaluadora; tu hijo necesita confianza, no control.
- Es una de las fuentes de conflicto a la hora de hacer los deberes.
Incluso si eres docente, en casa tu papel sigue siendo otro: acompañar, no evaluar o corregir.
👉 Si quieres entender por qué asumir el rol de “profe en casa” es una de las cinco causas que generan peleas a la hora de los deberes, te recomiendo este artículo fundamental: Problemas a la hora de los deberes: 5 causas y cómo solucionarlas.

Cuando te conviertes en profe: el impacto en el aprendizaje y en la relación
Asumir el rol de profesora en casa no solo interfiere con su proceso de aprendizaje: también puede dañar el vínculo emocional con tu hijo.
Detrás del exceso de control suele esconderse el miedo, una de las emociones más intensas y silenciosas que viven los padres durante la etapa escolar. Es el miedo a que su hijo no esté bien preparado, a que se quede atrás, a que su futuro esté en juego. Y desde ese miedo, es fácil caer en el rol de ‘profe en casa’ sin siquiera darnos cuenta.
La intención es ayudar, pero desde la perspectiva del niño, el mensaje es otro:
“No lo haces bien solo”, “Necesitas que te corrija”, “Lo importante es el resultado, no el esfuerzo”.
¿Qué consecuencias tiene convertirse en profe?
- Baja autoestima: Cuando le corriges constantemente, puede empezar a pensar que nunca lo hace bien, que no es capaz. Su confianza se erosiona.
- Resistencia al aprendizaje: Para evitar poner la relación en peligro o ver menguada su autoestima, el niño empieza a evitar las situaciones de estudio en casa.
- Miedo al error: Si cada fallo implica una corrección inmediata o una cara de decepción, dejará de atreverse a intentarlo por su cuenta.
- Dependencia: Si siempre estás ahí para decirle cómo hacerlo mejor, no desarrolla sus propios recursos. Te necesita para todo… y eso le frustra.
- Confusión de roles: Tu hijo necesita una madre que le acompañe, no una evaluadora. Cuando cruzas esa línea, la relación pierde calidez.
👉 Aquí tienes un caso real que ilustra lo que ocurre cuando un niño se siente juzgado, inseguro o “el peor de la clase”: Por qué Miguel no quiere leer.
La base emocional del aprendizaje
Los niños aprenden mejor cuando se sienten seguros, aceptados y valorados. El aprendizaje no florece en la presión ni en el juicio, sino en un entorno donde pueden equivocarse sin miedo.
Ejemplo cotidiano:
“Mi hijo me enseñó un ejercicio de mates y lo primero que hice fue decirle: ‘Te has saltado este paso’. Él se cerró en banda y dijo: ‘Pues hazlo tú’. En ese momento entendí que estaba actuando como una profe… no como su madre.”
Y eso es justo lo que queremos evitar.
¿Cuál es entonces el papel de los padres a la hora de los deberes?
Probablemente, ahora estás un poco confusa sobre cuál es el papel de los padres a la hora de los deberes. Si no es explicar y corregir, ¿cuál es?
Si quieres dejar atrás el papel de profesora y convertirte en madre acompañante, pon el foco en las siguientes cuatro tareas:
Las 4 tareas esenciales de una madre que acompaña:
1. Crear un ambiente físico propicio al estudio: buena luz, silla cómoda, silencio o música suave, materiales preparados.
2. Crear un ambiente emocional que favorezca el aprendizaje: seguridad, calma y libertad para equivocarse sin miedo ni juicios.
3. Visibilizar el esfuerzo y los avances: poner el foco en el proceso, no en el resultado, sin comparaciones con hermanos u otros niños.
4. Estar disponible sin invadir: observa, espera, confía y ofrece ayuda solo si te la pide.

Si te interesa diferenciar entre las comparaciones que afectan a la autoestima y las que son beneficiosas para el proceso de aprendizaje, lee el siguiente artículo:
👉 Comparaciones con los hijos: cuáles dañan y cuáles ayudan.
Test rápido: ¿Qué papel asumes a la hora de los deberes?
Descubre si estás acompañando… o enseñando. Haz el test y dale un giro a vuestras tardes de deberes. Responde a/b/c según cómo actúes habitualmente:
- Antes de empezar:
a) Le preguntas qué quiere hacer primero.
b) Preparas un ambiente tranquilo.
c) Revisas sus cuadernos y decides tú la prioridad. - Mientras hace los deberes:
a) Estás en otra habitación, disponible si te llama.
b) Vas y vienes según lo necesita.
c) Te sientas a su lado todo el rato. - Cuando comete un error:
a) No haces nada: es feedback para el profe.
b) Lo borras tú.
c) Le haces borrarlo. - Cuando termina y te enseña los deberes:
a) Comentario positivo.
b) Le das ideas de mejora.
c) Revisas y corriges.
Valoración del test «Madre o profesora?»
Suma los puntos por cada respuesta madre acompañante: 1 a, 1 b, 2 a, 2 b, 3 a, 4 a.
Acción para hoy
Observa cómo actúas durante los deberes esta tarde. ¿Intervienes, corriges, diriges… o acompañas y sostienes el espacio?
No corregir los errores en los deberes: una nueva perspectiva
Uno de los cambios más transformadores para pasar de “profe en casa” a madre que acompaña es dejar de corregir tú los errores.
No se trata de desentenderte, sino de acompañar de una forma que el cerebro infantil realmente agradece. Sí, sé que suena contraintuitivo. Pero a nivel neuroeducativo, tiene todo el sentido del mundo.
Los deberes no son un examen. Son información para el profesorado, no para ti.
Cuando eres tú quien localiza, señala o corrige los fallos…
- tu hijo aprende menos,
- se vuelve más dependiente,
- y además recibe el mensaje sutil de “tú solo no puedes”.
En cambio, cuando no corriges, ocurre lo contrario:
- se responsabiliza de su trabajo,
- aprende a revisar,
- gana autonomía,
- y deja de temer equivocarse.

Corregir sin corregir: el método lupa
Cuando tu hijo comete un error, en lugar de corregirlo, dibuja una pequeña lupa al lado. Así, tu hijo sabe que allí hay algo que revisar. Si encuentra el error y lo corrige, puedes añadir palitos a la lupa hasta convertirla en un sol. Un «solete» que simboliza: ¡has aprendido algo nuevo!
Este enfoque enseña que los errores no son fracasos, sino pasos necesarios en el aprendizaje.
Una madre que abandonó su papel de profesora
Una madre me contaba que tenía que practicar dictados con su hija, diagnosticada con dislexia. Cada sesión acababa mal.
Hasta que enseñé a la madre a marcar en verde todo lo correcto. De 100 palabras, solo 15 necesitaban ser corregidas. Cuando su hija empezó a ver lo que sí hacía bien, el ambiente cambió.
Lo que antes era una lucha diaria se convirtió en conexión. Gracias a poner el foco en lo que sí funciona.
Tu primer paso en tu nuevo papel a la hora de los deberes
Ya tienes en tus manos algo valiosísimo: una mirada completamente distinta sobre el papel de los padres a la hora de los deberes.
Esto es lo que has aprendido sobre el papel de los padres a la hora de los deberes:
- No eres la profe en casa: tu fuerza está en acompañar, no en evaluar.
- El exceso de control nace del miedo y se disfraza de “ayuda”.
- La base del aprendizaje es emocional: sin seguridad, no hay concentración ni motivación.
- Menos intervención = más autonomía. Observar, esperar y estar disponible cambia por completo el clima.
- El error no es una amenaza, sino el mejor aliado del cerebro.
- La corrección constante apaga, mientras que la revisión propia enciende su confianza.
- El método lupa transforma un fallo en una oportunidad.
- Tu presencia tranquila vale más que mil explicaciones.
Ahora toca convertir todo esto en práctica.
Acción inmediata
Haz una lista rápida de lo que puedes mejorar hoy mismo:
- luz
- ruido
- orden
- horarios
- tu manera de estar presente
- tu propio nivel de estrés o expectativas
Elige una sola cosa y empieza por ahí.
El cambio no ocurre por hacerlo todo a la vez, sino por sostener pequeños pasos.
¿Quieres dar el siguiente paso?
Si te apetece profundizar y crear un entorno de estudio que favorezca la calma, la autonomía y un ambiente sin luchas, aquí tienes una ayuda muy concreta:
👉 Guía práctica: Cómo crear un buen ambiente de estudio.
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