Este artículo forma parte del enfoque de gestión emocional parental, donde trabajamos cómo emociones intensas como el enfado influyen en la relación con el colegio y, sobre todo, en el bienestar y el futuro de nuestros hijos.
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¿Por qué nos enfadamos con el colegio? Y cómo usar ese enfado para salvar el futuro de nuestros hijos
Es lunes, las 9:00 de la mañana, y tu mente ya está en modo alerta roja. Te acaban de llamar del colegio para hablar de tu hijo o hija. Y tú piensas: “¿Otra vez lo mismo? ¿Por qué todo tiene que ser tan difícil?” Y no lo puedes evitar: el enfado con el colegio.
Puede ser esta situación u otra del estilo. Pero ya ves por dónde voy: estás enfadada con el colegio. Con motivo.
No hay nada malo en ese enfado… siempre que no sea él quien tome las decisiones.

El enfado con el colegio es normal. Yo misma lo he sentido. Muchas veces. Pero quiero compartir contigo algo que aprendí a base de apretar los dientes y de enfrentarme a una situación que puso a prueba todo lo que sabía (y lo que no sabía): el enfado con el colegio puede cegarte, o puede convertirse en el motor para sacar adelante a tu hijo o hija. Tú decides.
Mi historia personal: El enfado no ayudó a mi “especialista”, la regulación emocional sí

La situación más difícil de mi vida se produjo con la entrada en el colegio de uno de mis tres especialistas.
Yo estaba desbordada, enfadada y con la sensación de que nadie entendía realmente a mi hijo.
La profesora no tenía las herramientas para entender las dificultades de mi especialista. Estaba convencida de que no tenía un retraso en el desarrollo del lenguaje. Y de que sus dificultades provenían de ser bilingüe. Mostraba un desinterés absoluto, en las reuniones con el colegio estaba completamente ausente.
¿Sabes lo que quería hacer mi enfado? Denunciarla, hacer que abandonara la enseñanza y se pusiera a “fregar escaleras” (mayor amenaza en mi casa). Denunciar al colegio de paso. Meter cizaña con otros padres. Alimentar un discurso de rabia y victimismo que, aunque justificable, no iba a ayudarle.
Pero algo dentro de mí me hizo ver algo crucial: mi especialista iba a pagar las consecuencias de mi enfado si no manejaba bien la situación. Mi instinto me decía que, aunque mi frustración estuviera más que justificada, necesitaba formar equipo con esa profesora. Porque al final, lo que realmente importaba no era ganar una discusión, sino asegurar que mi especialista recibiera el apoyo que necesitaba.
Qué hice para salir adelante (y qué puedes hacer tú)
Esto no ha salido de un libro. Lo he vivido. Lo he puesto en práctica. Y te aseguro que no fue fácil, pero valió la pena. Estas son las claves que me ayudaron a salvar el futuro de mi especialista, no luchando contra el colegio, sino aprendiendo a trabajar en equipo.

Estas fueron las decisiones concretas que tomé para que el enfado no dirigiera la situación:
- Frené mis pensamientos negativos.
El enfado constante alimenta la furia y la frustración, y eso no me iba a ayudar a avanzar. En lugar de repetirme lo mal que estaba todo, me dije: “Si me hundo, ¿quién saca esto adelante?” No fue un mantra mágico, pero fue suficiente para no caer en la parálisis.
- Elegí no convertir mi enfado en una cruzada destructiva.
Podría haber denunciado al colegio, a la profesora, podría haber formado un grupo de padres indignados. Pero me di cuenta de que esas acciones habrían consumido toda mi energía y habrían empeorado las cosas para mi especialista. Así que me guardé esas ganas y decidí usarlas para construir, no destruir.
- Formé equipo, aunque me costara.
¿Sabes lo difícil que es colaborar con alguien que crees absolutamente incompetente? Muy difícil. Pero sabía que si no formaba equipo con esa profesora, mi especialista pagaría las consecuencias. Dejé a un lado mi rabia y, aunque me costó, la consideré en todo momento parte del equipo.
- Tuve empatía con el colegio.
Fui profesora durante años. Quizá por eso no veo a los profesores como enemigos. Veo que ellos también sufren en un sistema escolar que se cae a pedazos.
- Puse a todos a trabajar para mi especialista.
No esperé que el sistema se moviera rápido (porque no lo hace). Apreté los dientes y empecé a empujar en todas las direcciones: hablar con especialistas, organizar reuniones, hacer preguntas. No fue un camino fácil, pero ese esfuerzo valió la pena.
¿Qué aprendí?
Aunque humano y comprensible, el enfado con el colegio puede ser una trampa. Si te quedas en la emoción, pierdes de vista el objetivo: sacar adelante a tu hijo o hija.
Esto no significa que tengas que aceptar todo con una sonrisa, sino que uses la energía que libera el enfado para avanzar, no para destruir.
Formar equipo no siempre es fácil, pero es necesario. No tienes que ser amiga del colegio o del profesorado. Pero sí puedes encontrar formas de colaborar, aunque sea con un poco de sarcasmo y mucha paciencia.
Tú eres la clave para superar el enfado con el colegio

El sistema educativo no va a cambiar de la noche a la mañana. Pero tú puedes marcar la diferencia hoy. No dejes que el enfado te consuma ni que tu hijo o hija pague las consecuencias. Haz lo que esté en tu mano para formar equipo, para construir puentes y para sacar adelante a tu hijo o hija.
El enfado suele ir entrelazado con el sentimiento de culpa. En este artículo puedes aprender a gestionar el sentimiento de culpa a la hora de los deberes.
Si también te interesa aprender a manejar la tristeza, te invito a leer este artículo sobre cómo gestionar la porque a tu hijo o hija no le va bien en el colegio.
Si sientes que necesitas ayuda para manejar el enfado con el colegio o encontrar estrategias que realmente funcionen, estoy aquí para acompañarte.
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Porque al final del día, lo que más importa es el bienestar y el futuro de nuestros hijos.