Madre hablando con su hija de forma calmada después de un momento de enfado durante los deberes

10 pasos para gestionar el enfado al hacer los deberes

Gestionar el enfado con los deberes forma parte de la realidad de muchas familias. En un blog dedicado al acompañamiento escolar y a la gestión emocional parental, es lógico abordar un tema tan incómodo: callarlo solo aumenta la sensación de soledad de quien siente que ya no tiene herramientas.

Los deberes son, para muchos hogares, uno de los momentos de mayor tensión del día. No porque falte amor, sino porque se mezclan cansancio, expectativas, frustración y falta de herramientas de gestión emocional parental. Y a veces, esa mezcla lleva a reacciones que nadie desea.

Este artículo ofrece claridad, comprensión y herramientas para gestionar esas situaciones con más serenidad y con estrategias practicables.

Por qué los deberes pueden generar enfado

Niño cansado y abrumado por los deberes, sentado frente a una mesa llena de libros y carpetas.
El cansancio acumulado del niño puede ser un detonante de la tensión en casa.

Estudiar o hacer los deberes con un hijo implica:

  • un niño cansado después de muchas horas de colegio,
  • un adulto que llega al final de su jornada,
  • tareas que quizá ninguno domina,
  • exigencias externas,
  • presión interna por “hacerlo bien”.

Y a todo ello se suma algo que casi nunca se dice en voz alta, pero pesa muchísimo: la preocupación de que a tu hijo no le vaya bien en el colegio.

Esa preocupación —que a veces se vive como miedo, otras como tristeza profunda— toca lo más sensible: su bienestar, su futuro, el deseo de verlo crecer sin pasarlo mal.

Cuando esa emoción se mezcla con cansancio y frustración, el enfado no surge “porque sí”: es la expresión de una inquietud legítima que no sabe cómo expresarse.

Con este contexto, resulta comprensible que el enfado aparezca.
No señala falta de cariño: señala desbordamiento.

El objetivo de este artículo no es negarlo, sino entender qué lo activa y aprender a gestionar el enfado al hacer los deberes.

👉 Si notas que detrás de tu enfado se esconde la preocupación o la tristeza de que a tu hijo no le vaya bien en el colegio, puede ayudarte leer este artículo: Cómo superar la tristeza de que a tu hijo no le vaya bien en el colegio.

Conocer el origen no evita el enfado, pero sí permite reconocer que no eres tú contra tu hijo, sino tú contra una situación que te supera.

A partir de aquí pasamos de la teoría a la práctica. Y es aquí donde puedes empezar a recuperar el control aprendiendo a gestionar el enfado de los deberes.

Qué ocurre después de que haya explotado el enfado

Cuando el enfado se desborda, suele aparecer un patrón repetido:

  1. Unos minutos de tensión elevada.
  2. Después, la culpa: “No debería haber reaccionado así.”
  3. La necesidad de reparar inmediatamente.
  4. El compromiso de hacerlo mejor “la próxima vez”.
  5. Y, a veces, la sensación de repetir el mismo ciclo.

Este ciclo se repite porque suele faltar un paso intermedio: la reflexión sobre qué te activó realmente.

Cuando intentas cambiar tu reacción sin esa reflexión previa, es habitual que el cambio funcione durante un tiempo… y luego vuelva a ocurrir. No por falta de voluntad, sino porque el patrón de fondo sigue intacto.

Si quieres profundizar en por qué estos ciclos se repiten y por qué cuesta introducir cambios duraderos, aquí lo explico con calma:
👉 Por qué no logras que los deberes dejen de ser fuente de estrés

Ese paso intermedio es justo el que desgranamos en los 10 pasos que vienen ahora.

Cómo aplicar los 10 pasos durante las tardes de deberes

Estos pasos no son teoría. Son estrategias prácticas, aplicables y basadas en la experiencia real de muchas familias.

1. Aléjate un momento de la escena

Cuando notes que la tensión está subiendo, lo más sensato es interrumpir la dinámica.

Haz algo sencillo como beber un vaso de agua o salir un momento de la habitación.

Explícale a tu hijo:
“Necesito un momento para poder continuar con calma.”

La claridad da seguridad.

2. No te hundas en la culpa

Tras el enfado, la culpa aparece de forma automática.
La clave es distinguir entre:

  • culpa útil, que señala que quieres hacerlo mejor, y
  • culpa destructiva, que solo te castiga.

Tu hijo necesita tu capacidad de reparar, no que te castigues.

👉 Si quieres profundizar en este tema, te recomiendo leer: Cómo superar la culpa por los deberes.

3. Envía un mensaje breve y tranquilizador (aún en caliente)

Cuando la tensión está alta y necesitas apartarte, tu hijo no debe quedarse interpretando lo ocurrido. Los niños rellenan los silencios con conclusiones duras sobre sí mismos.

Por eso, en ese momento inicial, basta una frase breve, clara y ya preparada:

  • “Estoy muy alterada, necesito airearme un rato. Soy yo, tiene que ver conmigo.”
  • “Necesito calmarme y entender qué me pasa.”

Este micro-mensaje tiene un objetivo muy concreto: evitar que el niño se atribuya la responsabilidad del enfado.

No es el momento de reparar. Solo de proteger emocionalmente.

Crea tu propia frase, algo que puedas decir con naturalidad aunque al principio te suene raro.

4. Analiza el pensamiento que activa tu enfado

Madre reflexionando en silencio sosteniendo una taza mientras mira por la ventana como símbolo de uno de los pasos para gestionar el enfado con los deberes.
La pausa abre el espacio necesario para comprender qué se activó antes del enfado.

Ahora sí, reflexiona sobre lo ocurrido.

El enfado no aparece solo. Suele haber una necesidad no cubierta, un resorte que se ha activado o un pensamiento detonante previo:

  • “No me escucha.”
  • “Siempre es igual.”
  • “Tengo que solucionar esto ya.”
  • “Si no le ayudo ahora, fracasará.”

Identificar la necesidad, el resorte o el pensamiento es clave.
No se puede cambiar lo que no se conoce.

5. Perdónate de manera consciente

No es un gesto trivial ni autoindulgencia: es tu responsabilidad como adulta. Si no lo haces, tu «mochila» emocional será cada vez más pesada, la tensión aumentará y será más fácil que vuelvas a enfadarte.

Reconoce que has actuado movida por esa necesidad no cubierta, un resorte que se ha activado o un pensamiento negativo recurrente.

Perdonarte te permite avanzar con más responsabilidad y menos peso.

6. No te quedes atrapada en la escena

Recordar la situación una y otra vez solo fija el malestar.
Quédate con la lección, no con la escena.

7. Reparación: habla con tu hijo de forma adaptada a su edad

Explícale lo que ha pasado sin dramatismos. Los niños necesitan comprensión, referencias claras y seguridad emocional.

Modelar responsabilidad es más valioso que modelar perfección.

Madre hablando con su hijo de forma tranquila mientras le sujeta las manos.
La reparación devuelve seguridad al vínculo, incluso después de un conflicto.

8. Ajusta tus expectativas

Las expectativas irreales convierten un día normal en un campo minado:

  • que tu hijo coopere siempre,
  • que los deberes fluyan sin resistencia,
  • que tú tengas siempre paciencia,
  • que todo se resuelva en 20 minutos.

Cuando ajustas expectativas, disminuye la frustración y, con ella, el enfado. La expectativa mata la paciencia; la realidad la restaura.

9. Decide una reacción concreta para la próxima vez

El enfado disminuye cuando el cerebro sabe qué hacer.
Decide por adelantado la acción concreta que quieras realizar la próxima vez cuando aumente la tensión:

  • levantarte y cortar la dinámica,
  • posponer la tarea,
  • cambiar el tipo de actividad,
  • pedirle que te espere un minuto.

Una decisión concreta es más eficaz que un propósito general.

10. Entrena tu nueva reacción

Este paso marca una diferencia enorme. Por eso lo describo con mayor detalle.

No consiste en decidir qué harás (eso ya lo has hecho en el paso 9).
Consiste en ensayar tu reacción antes de que suceda, igual que lo haría una actriz que prepara una escena difícil.

Tu cerebro necesita ver la escena antes para poder acceder a esa versión tuya cuando llegue el momento real.

¿Cómo se entrena?

  • Imagina la tarde de deberes, la situación que suele tensarte.
  • Visualiza la frase que quieres decir.
  • Reproduce tu tono, tu postura, tu calma.
  • Ensaya el gesto que quieres que salga de forma casi automática.

Puedes repetir mentalmente:

  • “Cuando note la tensión, hago una pausa.”
  • “Cuando vea que se bloquea, cambio el ritmo.”
  • “Cuando yo empiece a acelerarme, pongo un límite claro.”

Este entrenamiento no es fantasía: es preparación.
Cuanto más practiques la escena en tu mente, más fácil será actuar como deseas cuando lo necesites.

No se trata de ser perfecta, sino de saber reenfocarte.

Esto es exactamente lo que trabajamos en mi coaching

En el coaching no trabajamos “el enfado” en abstracto.
Trabajamos el detonante real:

  • qué necesidad estaba tocada,
  • qué pensamiento saltó,
  • qué resorte emocional viene de lejos,
  • y por qué justo esa situación concreta te sobrecarga más que otras.

Cuando una madre comprende qué se activó dentro de ella,
puede cambiar la reacción, ajustar expectativas y actuar de forma más tranquila y coherente.

Por eso este paso es tan importante para gestionar el enfado en la mesa de los deberes. Porque sin esta claridad, ninguna estrategia funciona de forma estable.

Este trabajo interno transforma no solo las tardes de deberes, sino la relación contigo misma. Y cuando cambia tu reacción interna, cambia toda la dinámica familiar.

Si necesitas una mirada más amplia sobre cómo no perder los nervios con los deberes y comprender el proceso completo, te recomiendo leer esta guía:

👉 Cómo no perder los nervios con los deberes: guía completa para madres.

¿Necesitas apoyo para gestionar el enfado generado por los deberes?

Si estas situaciones se repiten y sientes que afectan a tu relación con tu hijo, puedo ayudarte a clarificar qué está pasando y a construir estrategias que funcionen en vuestro día a día.

Puedes reservar aquí una sesión gratuita para valorar tu caso y ver qué necesitas realmente.

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Soy Lucía Uría

coach de aprendizaje

Ayudo a madres y padres a terminar con el estrés generado por los deberes o por el bajo rendimiento escolar de sus hijos.

Me encanta el mestizaje y tomar lo mejor de mis dos países, España y Alemania; de mi experiencia como docente y como madre; de mis estudios universitarios, Derecho y Traducción; y de mis aficiones, yoga, teatro físico y kárate. Soy de mar y de montaña.

Si quieres fortalecer la relación con tu hijo/a, descárgate mi guía: 6 claves para acabar con el drama de los deberes.

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