¿Quieres introducir cambios en los hábitos de estudio de tus hijos, pero te frena la falta de tiempo? ¿O no se trata de auténtica falta de tiempo sino de la creencia limitante «No tengo tiempo»?
El anhelo de cambio y la creencia limitante «No tengo tiempo»
Cada año es igual: empiezas el curso escolar con la promesa de que este año sí que sí todo va a ser diferente. ¿Menos estrés? ¿Menos gritos por los deberes? ¡Por supuesto! Te descargas un E-Book sobre cómo crear un buen ambiente de estudio, escuchas un podcast sobre TDAH y concentración o alguien te cuenta una técnica de estudio para mejorar los resultados académicos de tus hijos. Y ahí estás tú, llena de entusiasmo, con toda la intención de poner en práctica eso que acabas de aprender.
Pero justo cuando te pones manos a la obra, aparece la vocecita… esa que te susurra: «No tengo tiempo». Y de repente, todo parece tan complicado como subir el Everest… ¡en chanclas!
Pero, ¿y si te digo que el problema no siempre es el tiempo, sino cómo gestionas tus pensamientos? Vamos a verlo más a fondo.
El verdadero problema no es la falta de tiempo, sino las dudas
Dime si te suena: tienes un plan perfecto para mejorar las tardes en casa, para evitar que los deberes se conviertan en una batalla campal. Lo tienes todo clarísimo hasta que te frenan las dudas e inseguridades: «¿Y si no funciona?», «¿Seré capaz de seguir este método?», «¿No estaré empeorando las cosas?».
Esas dudas parecen inofensivas, pero te roban más tiempo del que crees. Y lo peor, alimentan la creencia limitante «No tengo tiempo». En lugar de enfrentarte a los cambios, tu mente encuentra una excusa perfecta en esa falta de tiempo.
La verdad es que no te falta tiempo, lo que te falta es saber cómo gestionar los pensamientos. El Dr. Robert Leahy lo deja claro: ¡el 85% de las preocupaciones nunca suceden! Básicamente, estamos dirigiendo una telenovela de terror mental que nos quita energía y tiempo para actuar.
Cómo las dudas te roban tiempo (y energía)
Repito. No es que no tengas tiempo; es que dedicas horas a pensar en lo que podría salir mal, en lugar de simplemente intentarlo. Piensa en esto: ¿alguna vez has tenido que organizar una reunión en el trabajo y en lugar de agendarla, te dedicas a preocuparte por si el café estará caliente o si alguien tropezará con los cables?
Es un gasto emocional y de energía. Y al final, ¿qué ocurre? Nada cambia, y los deberes siguen siendo esa zona de guerra donde nadie gana.
Estrategia para acabar con la creencia limitante «No tengo tiempo»
Pero, ¿qué hacer entonces? Deja de darle poder a esa vocecita que te dice que no tienes tiempo. Aquí te doy tres pasos para acabar con la creencia limitante «No tengo tiempo»:
- Ponle un límite de tiempo a las dudas: Dales un minutito (¡máximo 5!) para expresarse. Después, cierra la puerta y toma una decisión. Como dice Bob Proctor: La decisión es una actividad mental que resuelve todos los problemas en un milisegundo. 😉
- Reemplaza pensamientos negativos por afirmaciones potentes: Cuando pienses «No tengo tiempo», cámbialo por «El tiempo es mi nuevo amigo». Cambiar la narrativa interna cambia todo. 💪
- Divide los cambios en pasos pequeños: No intentes escalar el Everest en un solo día. Si quieres introducir algún cambio, empieza con algo pequeño, como observar qué te dice esa vocecita interior. ¡Pequeños pasos, grandes cambios!
Gestionar las dudas = Más tiempo y tres beneficios claros
Volvemos a la situación inicial: Acabas de leer o escuchar algo nuevo, tal vez en un artículo o un podcast. Algo que te inspira a introducir un cambio positivo en relación con los deberes o el aprendizaje en general. Te encanta la idea y sabes que podría ayudar a reducir el estrés en casa. Pero antes de que puedas empezar, aparece esa creencia limitante «No tengo tiempo».
Esa vocecita te frena antes de que siquiera puedas probar la idea. Sin embargo, cuando te enfrentas a esa creencia y aprendes a gestionar las dudas, no sólo eliminas ese freno, sino que también obtienes tres beneficios importantes:
- Ganas más tiempo para apoyar a tus hijos: Al gestionar las dudas y decidir actuar, dejas de desperdiciar tiempo en preocupaciones innecesarias. Te liberas de ese ciclo de indecisión, lo que te da más tiempo y claridad para aplicar esas nuevas ideas que podrían mejorar el ambiente familiar.
- Te conviertes en un modelo a seguir: Al actuar con decisión y confianza, les muestras a tus hijos que enfrentar un cambio no tiene por qué ser un proceso lleno de dudas o complicaciones. Ellos aprenden que se puede probar algo nuevo sin miedo a que todo salga mal, lo que los ayuda a enfrentarse a sus propios desafíos con más seguridad.
- Reduces el estrés en casa: Al gestionar tus dudas, creas un entorno más tranquilo. Menos indecisión significa menos tensión y menos estrés. Esto transforma la atmósfera durante los deberes, convirtiéndola en algo más productivo y positivo para todos.
Así que, la próxima vez que una nueva idea resuene contigo, no permitas que la creencia de que «no tienes tiempo» te frene. Al gestionar tus dudas, desbloqueas esos beneficios que tanto necesitas para apoyar a tus hijos y mejorar la dinámica en casa.
Reflexión final: Dale una oportunidad al cambio
La próxima vez que la vocecita te diga «No tengo tiempo», respóndele: «El tiempo es mi nuevo amigo». Dale una oportunidad a esos cambios que has querido hacer y empieza con algo pequeño hoy mismo. No subestimes el poder de tomar decisiones rápidas. ¡Los cambios son posibles! ✨
Haz el primer cambio HOY
Si te identificas con este problema y quieres aprender más sobre cómo gestionar tus dudas y ahorrar tiempo para ser el mejor apoyo para tus hijos, agenda una sesión gratuita conmigo. Juntas podemos desbloquear esos pensamientos limitantes y avanzar hacia el cambio que deseas.