Niño haciendo deberes con expresión de gran frustración mientras sujeta el lápiz.con fuerza

Mi hijo odia hacer los deberes: 3 errores que puedes evitar ya

¿Tu hijo odia hacer los deberes y tú ya no sabes qué más probar? Si cada tarde se convierte en una batalla campal, no te pierdas este artículo.

No se trata de pereza o de que sea un vago. Es el resultado de factores que lo desmotivan sin darnos cuenta.

Aquí te explico tres «robos» de los más común… y cómo evitarlos desde hoy.

Niño frustrado sentado junto a su padre, también frustrado, por culpa de los deberes simbolizando cuando tu hijo odia los deberes.
Si tu hijo odia hacer los deberes, a menudo no es pereza: es frustración acumulada.

1. Robarle la autonomía: por eso odia hacer los deberes

Tú decides cuándo hace los deberes, dónde, con qué tarea empezar, cuánto tiempo debe dedicarle y hasta cómo debe hacerlo.

Lo haces con la mejor intención. Pero desde su punto de vista, es como si no tuviera ningún control sobre su propio tiempo y esfuerzo. Y eso, para cualquiera, niños incluidos, es frustrante.

La autonomía es esencial para la autoestima. Incluso en niños con TDAH, que normalmente necesitan más acompañamiento, llega un momento en el que tener autonomía se hace vital.

Dar un paso atrás, aunque dé vértigo, puede ser el acto más poderoso de confianza que puedes ofrecerle. Requiere fe, paciencia… y valor. Pero funciona.

¿Cómo sabes que necesita más autonomía?

Las señales son claras:

  • Se enfada por cosas mínimas, incluso antes de empezar.
  • Todo lo hace a cámara lenta, aunque sea una tarea sencilla.
  • Se bloquea y se frustra con facilidad.

Solución:

Empieza a devolverle el poder, paso a paso:

  • Acepta sus preferencias: por ejemplo, que su hora de estudio es después de cenar, cuando la casa se vuelve silenciosa
  • Permítele establecer prioridades: qué es importante que haga hoy, qué puede dejar para otro día, por qué tarea empezar
  • Ayúdale a observar cuándo le viene bien hacer una pausa

💡 Aquí puedes leer más sobre cómo crear un ambiente de estudio positivo.

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2. Robarle la autoestima: por eso los deberes acaban en drama.

Le cuentas que tú hacías los deberes sola, que sacabas buenas notas, que te encantaban las fracciones o que leías muchísimo.

O peor: lo comparas con su hermana, su primo o su compañera de clase que “lo hace todo sola y sin protestar”.

Eso no motiva. Eso duele.

Las comparaciones entre hermanos son especialmente odiosas. Porque la herida no es solo académica, es emocional. Su identidad se ve cuestionada.

Acompañé hace poco a un padre que hablaba con orgullo de su época escolar. Hasta que le pedí que sacara sus notas. ¿Resultado? No eran tan buenas como recordaba. Su hijo estaba siendo juzgado con una vara idealizada… que nunca existió.

Solución:

Compara a tu hijo solo con una persona: él mismo, hace 6 meses.

  • ¿Qué ha aprendido desde entonces?
  • ¿Qué dificultad ha superado?
  • ¿Cómo lo logró?

Si te cuesta verlo, hazlo como ejercicio de journaling. Escribirlo te ayudará a poner el foco en lo que sí funciona.

💡 Aquí puedes leer más sobre comparaciones odiosas. Y las que no lo son.

Madre midiendo a su hijo en la pared, como símbolo de las comparaciones valiosas, las que sirven para medir cuánto se ha crecido.
Comparaciones valiosas: cuando uno se compara consigo mismo para ver el propio crecimiento.

3. Robarle su tiempo libre: por eso los deberes causan estrés

“Primero deberes, y luego si queda tiempo… juegas.”

Ese si queda tiempo rara vez llega.

Y tu hijo lo sabe. ¿Cómo no va a detestar ponerse con los deberes?

Pero el juego, el descanso, la calle, el sofá… no son un premio. Son su combustible emocional y cognitivo.

Sin ese tiempo libre, se agota, se desconecta y, claro, odia hacer los deberes.

Un grupo de cuatro niños y niños de primaria corre en el parque simbolizando que el tiempo libre forma parte del aprendizaje. Descansar ayuda a no odiar hacer los deberes.
El juego y el descanso también son parte del aprendizaje.

En el mundo adulto hablamos todo el tiempo de pausas activas, tiempo de calidad, descanso productivo… ¿Y en la infancia? Se espera que estén seis horas en el cole y luego otras dos más “rindiendo” en casa.

Solución:

Defiende su tiempo libre como una necesidad básica.
Cuanto más tiempo tenga para recargar pilas, más fácil será que colabore y que tenga recursos internos para concentrarse.

No es falta de disciplina. Es falta de energía emocional.

💡En el artículo «Cómo aprender durante las vacaciones» puedes leer más sobre descanso y aprendizaje. Incluye ideas de juegos que activan ambos hemisferios cerebrales.

¿Y si mi hijo sigue odiando los deberes?


A veces el rechazo a los deberes es una señal de algo más profundo: ansiedad, TDAH, saturación emocional. Si sientes que ya lo has probado todo y nada cambia, quizá necesitas otro tipo de acompañamiento. En esos casos, el coaching educativo puede marcar una diferencia real

Conclusión:

No es que tu hijo odie hacer los deberes. Es que se siente sin poder, sin autoestima y sin oxígeno.

Y tú puedes cambiar eso.

👉 Lee también el artículo completo sobre los 5 factores que generan estrés a la hora de los deberes y cómo solucionarlos.

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Soy Lucía Uría

coach de aprendizaje

Ayudo a madres y padres a terminar con el estrés generado por los deberes o por el bajo rendimiento escolar de sus hijos.

Me encanta el mestizaje y tomar lo mejor de mis dos países, España y Alemania; de mi experiencia como docente y como madre; de mis estudios universitarios, Derecho y Traducción; y de mis aficiones, yoga, teatro físico y kárate. Soy de mar y de montaña.

Si quieres fortalecer la relación con tu hijo/a, descárgate mi guía: 6 claves para acabar con el drama de los deberes.

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