Los problemas a la hora de los deberes se repiten cada tarde. Tu hijo se sienta. Tú también. Intentas ayudarle, pero sabes que en cinco minutos la tensión subirá. Un drama silencioso (o no tanto) que viven muchísimas familias.
Antes de buscar soluciones, conviene entender por qué para muchas familias los deberes se convierten en el peor momento del día.
Esta tensión puede aparecer incluso en primero de primaria, cuando las tareas son pocas y sencillas. Si quieres entender por qué ocurre y cómo interpretarlo desde el desarrollo infantil, puedes leer este artículo sobre por qué los deberes se vuelven una lucha en primero de primaria.

Lo que no sabes es por qué se produce esa situación. No te preocupes. No es culpa tuya.
La mayoría de las madres la viven igual que tú y se preguntan: «¿Por qué se agobia mi hijo con los deberes? ¿Cuál es el origen de tanto estrés con las tareas escolares?»
Te lo adelanto: hay cinco acompañantes invisibles que convierten los deberes en un campo de batalla. Hoy vas a descubrirlos.
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👉 6 claves para acabar con el drama de los deberes.
Es el punto de partida perfecto para que la situación actual empiece a cambiar.
¿Por qué se producen problemas a la hora de los deberes?
Los deberes están pensados para reforzar el aprendizaje. ¿Lo consiguen? Ese ya es otro tema.
El debate sobre la utilidad de los deberes sigue abierto, incluso entre expertos en neuroeducación. Si quieres conocer una visión crítica y basada en la ciencia, te recomiendo este artículo de Álvaro Bilbao sobre deberes sí o no.
Lo que está claro es que, nos gusten o no, los deberes existen. Y en casa generan conflictos.
¿La causa? No es la falta de motivación. Tú tienes la voluntad. Tu hijo tiene capacidad.
Pero los deberes terminan, una y otra vez, en gritos y peleas. ¿Por qué? Por cinco motivos.
Yo los llamo los cinco acompañantes invisibles. Son como las patas de una mesa de estudio. Si no están equilibradas, la mesa se tambalea y es imposible estudiar.
Estos conflictos no aparecen solo en el día a día. En periodos especiales, como las vacaciones de Navidad, suelen intensificarse, porque las rutinas cambian y el cansancio se acumula.
👉 Deberes en Navidad: cómo organizarlos sin estrés ni discusiones

Los cinco saboteadores a la hora de los deberes
1. La mochila escolar de la madre (o del padre)
Seguro que educas de forma diferente a la de tus padres.
Y sin embargo… a veces te descubres repitiendo frases que tú odiabas de pequeña.
¿Por qué pasa eso?
Porque, aunque queramos hacerlo distinto, dentro llevamos creencias heredadas. Pensamientos que se activan sin darnos cuenta. Y que acaban dirigiendo nuestras reacciones.
¿Qué recuerdos tienes tú del colegio?
¿Qué decían en tu casa sobre estudiar?
¿Qué opinas (aunque no lo digas) de alguien que “no sirve para los estudios”?
Tus creencias sobre el colegio y el aprendizaje, sobre las fortalezas o debilidades de tu hijo, influyen muchísimo más de lo que crees. Son filtros invisibles que determinan cómo actúas.
Si sientes que tus propias creencias están interfiriendo más de lo que quisieras, aquí puedes profundizar en cómo se forma esa mochila escolar y cómo empezar a revisarla de forma consciente:
👉 La “mochila escolar” de los padres

2. La mochila escolar de tu hijo
Sí, tu hijo también carga con una mochila… emocional.
A lo largo de su corta vida ha formado ya creencias sobre sí mismo.
“No se me da bien leer = soy tonto”
“Hago muchas faltas de ortografía = soy torpe”
“Odio las mates = no valgo”
Y si además hay una dificultad de aprendizaje no detectada (como dislexia, discalculia o TDAH), la frustración crece en silencio.
No es pereza. Es desesperanza.
Si te interesa profundizar en cómo se forma la mochila emocional de tu hijo o hija y cómo puedes ayudarle a vaciarla, aquí tienes toda una sección dedicada a la mochila escolar de tu hijo.

3. Las emociones negativas
Sabes que el futuro de tu hijo depende (en parte) de su rendimiento escolar. Que si saca buenas notas, tendrá más oportunidades. Y que si no, el camino será más difícil.
Claro que le presionas. ¿Cómo no hacerlo?
Pero ahora te hago una pregunta incómoda:
Si pudieras ver el futuro y saber que a los 30 años tu hijo está bien, feliz, con una vida estable… ¿le meterías hoy la misma presión? ¿Seguirías preocupada por los problemas a la hora de los deberes?
Probablemente no.
Porque el miedo no es buen consejero. Y mucho menos cuando se trata de aprender.
Y no solo es miedo. También están el sentimiento de culpa, la vergüenza, la rabia…
Todas esas emociones se sientan contigo y con tu hijo cada tarde en la mesa de los deberes.
Si quieres comprender mejor cómo manejar esas emociones negativas sin que afecten a tu relación con tu hijo o hija, visita la sección del blog dedicada a la gestión de emociones en los padres.

4. Tu papel como profesora
Sin darte cuenta, te conviertes en su profe: corriges, explicas, haces miniexámenes.
Y claro, tu hijo se siente evaluado.
Para un niño, sentirse evaluado por su madre puede ser más estresante que un control inesperado. Porque su autoestima y su seguridad emocional están en juego.
Y cuando te ve fruncir el ceño, suspirar o decir “esto ya te lo expliqué”, no piensa: “tengo que concentrarme más”. Piensa: “no soy suficiente”.
Tu intención es ayudar, no crear problemas a la hora de los deberes. Pero si no tienes en cuenta el vínculo, puedes estar dañándolo sin querer.
Por eso, más que corregir o explicar, tu papel es crear un buen ambiente de estudio. Un entorno seguro donde equivocarse no sea un drama, sino parte del proceso de aprendizaje.
Si este punto te suena mucho, aquí tienes un artículo que te ayudará a entender tu papel a la hora de los deberes y cómo dejar de ser la “profe en casa”:
👉 El papel de los padres a la hora de los deberes.
Incluye un test rápido: ¿Profe o acompañante?

5. Técnicas de aprendizaje ineficaces
Eres madre, no tienes por qué saber de pedagogía, ni de didáctica, ni de neurociencia. Pero eso no significa que no puedas aprender lo esencial para acompañar de forma más efectiva.
Y aquí viene la paradoja: ni siquiera todos los profesores están bien formados en neurodidáctica o neuropedagogía. Muchas veces aplican lo que siempre se ha hecho. Y eso, muchas veces, no funciona.
Si tú también crees que estudiar significa repetir como un loro, forzarse a memorizar o sufrir delante de un libro… entonces no conoces aún las herramientas que convierten el aprendizaje en algo motivador y natural.
Las técnicas de visualización, y de memorización no son “trucos”. Son herramientas neuroeducativas probadas que transforman el “no me entra” en un “¡me lo sé para siempre!”.
Aquí puedes descubrir técnicas de memorización como la pareidolia, los puentes mnemotécnicos y los cuentos ancla.
Y sí, tú puedes aprenderlas. No para enseñar como una profe. Sino para acompañar como madre.
¿Dónde puedes aprender todo esto?
En el coaching de apoyo escolar, un tipo de coaching de aprendizaje para madres y padres.

Cómo evitar los problemas a la hora de los deberes
Si cada tarde los deberes acaban en pelea, no es que tú lo estés haciendo mal. Es que estás atrapada en una dinámica que no funciona.
Romper ese círculo vicioso no requiere gritar más fuerte ni hacer los deberes tú misma. Aquí tienes cinco claves para evitar los problemas a la hora de los deberes y transformar ese momento en un espacio de conexión y aprendizaje real.

1. Revisa lo que crees sobre el colegio y el aprendizaje
Tus ideas sobre la escuela no surgieron de la nada. Vienen de tu historia. ¿Qué frases te repetían tus padres o tus profesores? ¿Qué significa para ti aprender o estudiar?
Muchas veces, lo que más estresa a tu hijo no es el ejercicio de matemáticas… sino tus reacciones, marcadas por esas creencias heredadas.
Hazte esta pregunta:
¿Lo que espero de mi hijo ahora viene de mi experiencia… o de lo que él realmente necesita?
2. Ponte las gafas de color rosa
¿Tu hijo ha aprendido a leer? ¿Sabe multiplicar? ¿Tiene un humor brillante, un corazón sensible, una memoria asombrosa para los dinosaurios?
Pon el foco ahí. En lo que ya ha aprendido, en lo que le interesa, en lo que domina. Alaba lo que ves. Aunque no tenga que ver con el colegio.
Los niños no crecen a base de correcciones. Crecen cuando se sienten capaces.

3. Tu bola de cristal es tu imaginación
Cuando tu hijo tiene un mal día en el colegio, tu cabeza se va al futuro: “¿Y si nunca lo consigue?”, “¿y si esto le impide ser alguien?”.
Pero si te paras a pensarlo… es tan válido imaginar un futuro negro como uno luminoso.
Un futuro en el que tu hijo haya aprendido a superar retos, haya desarrollado resiliencia y, sobre todo, haya contado siempre con tu apoyo.
No es autoengaño. Es perspectiva. Y tu hijo la necesita.
4. No eres su profe. Eres su marco
No hace falta que expliques fracciones. Basta con que crees un ambiente donde estudiar sea posible.
Silencio. Buena iluminación. Pausas. Pregúntale por ejemplo: “¿A qué hora estudias mejor?”.
Tal vez no sea la hora que a ti te parece lógica. Y eso está bien.
Tu papel es sostener. No enseñar.
5. Haz tú lo que quieres que aprenda
Los niños no aprenden nuevos métodos de estudio porque les expliques sus ventajas. Los aprenden porque te los ven usar a ti. Por ejemplo, mapas mentales para gestionar el tiempo o proyectos.
¿Quieres que memorice con facilidad? Usa tú también puentes mnemotécnicos.
¿Quieres que se motive? Habla de lo que tú has aprendido esta semana. De qué te ha resultado difícil y de cómo has superado la dificultad. Que te vea aprender cosas nuevas, que no te resulten fáciles.
Conclusión: deberes sin gritar (ni castigar)

Estos cinco acompañantes invisibles generan los problemas a la hora de los deberes.
Puedes deshacerte de ellos, uno por uno, con herramientas sencillas y apoyo profesional.
Si quieres empezar hoy mismo a transformar los deberes en momentos de conexión y calma:
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Te doy alas para que tú se las des a tu hijo o hija.