Hay un tipo de culpa que casi nadie nombra, pero casi todas las madres sienten:
la culpa que aparece después de hacer los deberes con tu hijo.
Esa sensación amarga cuando piensas:
“Hoy tampoco lo he hecho bien.”
“No debería haber perdido la paciencia.”
“No sé explicarle esto… y me siento fatal.”
Esa culpa duele más que otras porque toca dos zonas muy sensibles:
- tu rol como madre
- y el futuro de tu hijo
En este artículo vas a entender por qué aparece esta emoción durante los deberes, cómo distinguir una culpa útil de una culpa destructiva y, sobre todo, cómo transformarla en una herramienta que fortalezca vuestra relación.
Por qué sientes culpa cuando haces los deberes con tu hijo
La culpa por los deberes no surge porque seas una madre “mala”, sino porque te importan tres cosas que están en juego cada tarde:
- La relación con tu hijo
- Su educación y su bienestar emocional
- Tu deseo de acompañarle de la mejor manera posible
Cada vez que la tarde se tuerce, la culpa aparece para recordarte que esos valores están vivos en ti.
La culpa es más que un sentimiento

En psicología —y también en la tradición cultural— la culpa tiene una función clara:
llamarnos a la introspección y al cambio.
Es la emoción que dice: “Aquí hay algo importante que quieres hacer mejor.”
Pero ojo:
No toda culpa es saludable.
- Culpa funcional: te ayuda a actuar en coherencia con tus valores.
- Culpa destructiva: te inmoviliza, te castiga y erosiona tu autoestima.
Tu objetivo no es eliminar la culpa, sino convertirla en brújula.
¿La culpa es tuya… o del sistema escolar?
Antes de cargar con todo, conviene recordar algo esencial:
las tardes de deberes están mal diseñadas desde el origen.
La mayoría de los niños llegan a casa agotados, con poca energía mental y cero ganas de seguir trabajando. Y aun así la escuela coloca sobre las familias gran parte de la responsabilidad del aprendizaje.
Esto genera expectativas que ninguna madre podría sostener sin agobio:
- “Asegúrate de que entienda todo.”
- “Haz que practique más.”
- “Supervisa cada tarea.”
- “Acompaña con paciencia infinita.”
Cuanto más exigente es el sistema, más aparece la culpa… aunque no hayas hecho nada “mal”.
No es que tú falles.
Es que el sistema no tiene enfoque sistémico, y te deja sola en un rol imposible.
Saber esto no quita tu responsabilidad, pero sí te libera de cargas que no te corresponden.
Cómo dejar de sentirse culpable por no saber ayudar con los deberes
Esta es una de las culpas más comunes:
“No sé cómo explicarle esto… y me siento fatal.”
Aquí hay un error de base:
Crees que tu papel es el de profesora.
No lo es.
Tu papel es acompañar emocionalmente, no enseñar contenidos.
Acción concreta:
- Cambia el objetivo de “que entienda la tarea” → a “que se sienta acompañado”.
- Di frases como:
“No sé explicártelo, pero estoy contigo para que no te frustres.”
“Vamos a buscar otra forma o preguntarlo mañana.”
Esto baja el conflicto y elimina la culpa innecesaria.
👉 Si quieres dejar de actuar como la profe de tu hijo, lee el siguiente artículo: El papel de los padres a la hora de los deberes: ¿profe o acompañante?
Cómo dejar de sentirse culpable por perder la paciencia con los deberes

Perder los nervios no es un fallo moral.
Es la consecuencia lógica de:
- tu cansancio,
- su agotamiento,
- la presión escolar,
- y la intensidad emocional que se genera en pocos minutos.
La culpa aparece porque valoras mucho tu relación con tu hijo.
Y eso es bueno.
Pero castigarte no sirve. Lo que sirve es prepararte.
Acción concreta:
Crea un “plan de pausa”:
- si sube la tensión, salte de la situación, cambia de habitación o para 3 minutos.
- coloca un recordatorio visible: “La relación va primero.”
👉 Aquí tienes la guía completa sobre cómo no perder los nervios con los deberes.
Cómo superar la culpa cuando te falta tiempo para ayudar con los deberes

Otra forma frecuente de culpa en los deberes es la sensación de insuficiencia: “No estoy tanto como debería”.
Aquí suele activarse el valor del acompañamiento.
No falta compromiso, falta margen.
Qué hacer
- Clarificar qué significa “acompañar” en tu familia.
- Ajustar expectativas según el momento vital y las necesidades reales del niño.
- Priorizar calidad de presencia frente a cantidad.
👉 Si sientes que la falta de tiempo es más una sensación que una realidad, quizá te interese este artículo sobre la creencia limitante «No tengo tiempo». En él explico cómo identificar esta creencia y qué hacer para gestionarla.
Culpa funcional vs culpa destructiva: la distinción que cambia todo
La culpa funcional dice:
“Esto es importante para ti. Ajusta tu acción.”
La culpa destructiva dice:
“Eres un desastre.”
Tienes que aprender a reconocer la diferencia:
| Tipo de culpa | Señal | Efecto |
|---|---|---|
| Funcional | “Quiero hacerlo mejor.” | Te impulsa a actuar con coherencia |
| Destructiva | “No valgo.” | Te paraliza y desgasta |
Cada vez que la culpa aparezca, pregúntate:
👉 “¿Esta culpa me invita a actuar… o me castiga?”
Si castiga, no es tuya: es del sistema, de la comparación o de la fantasía de la madre perfecta.
Suéltala.

Cómo superar el sentimiento de culpa por los deberes
El camino no pasa por “sentir menos”, sino por entender mejor. Cuando comprendes el origen de la culpa y lo relacionas con tus valores, la emoción deja de castigarte para empezar a orientarte. Tres claves finales:
- Identifica el valor detrás de lo que te dolió.
- Ajusta una acción concreta para la próxima tarde.
- Suelta la expectativa de perfección, porque no se corresponde con la realidad del contexto.
Ayudar a tu hijo con los deberes no requieren que seas una madre impecable. Necesitan una madre que sepa revisar, ajustar y seguir. Ese es el tipo de coherencia que los niños sí recuerdan.
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