Madre pide orientación porque su hija rechaza recibir ayuda con el aprendizaje.

Mi hijo no quiere hacer coaching de aprendizaje: ¿qué puedo hacer?

—Creo que el coaching de aprendizaje nos vendría muy bien. Pero mi hijo no va a querer.

La madre que me dijo eso lleva años preocupada por su hijo. El colegio se ha convertido en una fuente constante de quebraderos de cabeza: dificultades, conversaciones, intentos de ayudar y soluciones que no han producido el cambio esperado.

Ahora ha tomado una decisión importante. Ha cambiado a su hijo de colegio y ha elegido un centro con una metodología diferente. Confía en que el nuevo entorno permita que muchas de las dificultades desaparezcan.

Se siente esperanzada. Pero junto a la esperanza convive un miedo: ¿y si el nuevo colegio tampoco funciona?

Cuando le hablo del coaching de aprendizaje, su primera reacción no tiene que ver con ella, sino con su hijo. Está convencida de que él rechazará la propuesta.

Quizá tú también conoces esa sensación. Ves que tu hijo o hija necesita ayuda, pero cada intento de ofrecérsela provoca resistencia. No quiere clases particulares. No quiere hablar con nadie. No quiere otro método, otro plan ni otra persona que le explique qué debería hacer.

Parece que solo tienes dos posibilidades: convencerlo o esperar.

Pero existe una tercera.

Tu hijo no tiene que aceptar el coaching de aprendizaje para que la situación empiece a cambiar.

¿Y si estamos partiendo de un error?

Cuando un niño tiene problemas de rendimiento o una relación difícil con el colegio, solemos buscar dónde está el fallo.

La primera explicación sitúa el problema en el niño:

Si las cosas no funcionan en el colegio, debe de haber algo en él que necesita ser corregido.

Partiendo de esa idea, la secuencia parece lógica: el niño tiene el problema, el niño necesita ayuda y el niño debe aceptar esa ayuda.

Si se niega, sus padres sienten que se les han acabado las posibilidades.

La segunda explicación sitúa el problema en el colegio. Quizá el profesorado no comprende al niño, la metodología no responde a sus necesidades o el entorno le hace daño. Entonces la familia habla con el centro, pide un cambio de clase o de profesores y, en algunos casos, busca otro colegio.

Todas esas decisiones pueden ser necesarias y acertadas. Un cambio de entorno puede transformar por completo la vida de un niño.

Pero ¿qué ocurre cuando aparece el temor de que tampoco sea suficiente?

El péndulo vuelve al otro extremo:

Si el problema no era aquel colegio, entonces es mi hijo. Quizá tenga dificultades vaya donde vaya.

Así se crea un callejón sin salida. O el problema está en un sistema frente al que la familia apenas tiene poder, o está en el niño y solo podrá resolverse si acepta que alguien lo ayude.

¿Y si la pregunta no fuera quién es el culpable?

El problema no siempre está en el niño o en el colegio

Las dificultades escolares no aparecen en el vacío. Surgen en la interacción entre un niño concreto, sus experiencias, las exigencias escolares, los métodos de aprendizaje y las respuestas de los adultos que lo rodean.

Por eso no basta con elegir entre dos culpables: el niño o el colegio.

Podemos preguntarnos algo mucho más útil:

¿Qué se ha ido formando alrededor del aprendizaje y dónde podemos empezar a intervenir?

Cambiar de colegio modifica una parte importante de la situación, pero el niño no llega al nuevo centro con la «mochila» vacía. Lleva consigo lo vivido en el anterior colegio: fracasos, comparaciones, vergüenza, conflictos, dificultades no comprendidas o la sensación de ser tonto.

La madre tampoco llega con las manos vacías. Lleva su propia historia escolar, sus creencias sobre el esfuerzo y el rendimiento, y el miedo a que las dificultades actuales condicionen el futuro de su hijo.

Dos mochilas entran cada día en casa. Y ambas influyen en lo que sucede alrededor del colegio.

Dos mochilas visiblemente cargadas y pesadas, una adulta y otra infantil, apoyadas juntas sobre una mesa en casa.
Tu hijo no es el único que lleva una «mochila escolar». Tus experiencias, creencias y emociones también se sientan a la mesa de estudio.

Si quieres comprender cómo tu propia experiencia escolar condiciona tu manera de acompañar, puedes leer La «mochila escolar» de los padres.

Quizá tu hijo no rechaza la ayuda

Cuando un niño dice que no quiere recibir ayuda, es fácil interpretar que no entiende la gravedad de la situación, que se ha rendido o que no desea cambiar.

Pero quizá no esté rechazando la ayuda en sí.

Quizá rechaza sentirse observado, evaluado o conducido hacia una solución que otra persona ha elegido para él. Quizá ha vivido suficientes intentos de ayuda como mensajes encubiertos de que algo va mal en él. Quizá quiere proteger el pequeño espacio de autonomía que todavía siente suyo.

Esa protección puede aparecer como rechazo a los deberes, a la lectura o a cualquier situación en la que el niño espera volver a fracasar. En Por qué tu hijo no quiere leer explico, mediante el caso de Miguel, cómo puede formarse esta asociación.

Desde esta perspectiva, obligarlo a participar en un coaching puede confirmar precisamente aquello de lo que intenta defenderse:

Mis padres creen que soy el problema y ahora han encontrado a otra persona para arreglarme.

Respetar su negativa no significa resignarse. Significa dejar de situarlo como único lugar posible de intervención.

El primer paso puede comenzar en el sistema familiar

Cuando un niño se siente incapaz, una estrategia de aprendizaje adecuada puede ayudarlo. Si descubre que puede comprender, recordar o resolver algo utilizando otro camino, vive una experiencia real de éxito. Y esa experiencia puede empezar a transformar su autoimagen:

Quizá no soy mal estudiante. Quizá aprendo de otra manera.

La situación es diferente cuando se siente amenazado, presionado o constantemente observado. En ese estado, incluso una técnica excelente puede convertirse en una exigencia más.

El primer paso no consiste entonces en enseñarle a estudiar mejor ni simplemente en pedirle que se tranquilice. Consiste en intervenir en el sistema familiar que se ha creado alrededor del colegio y del aprendizaje.

¿Qué ocurre cuando llegan los deberes? ¿Quién se siente responsable de que estudie? ¿Cómo se habla de las notas? ¿Qué pasa cuando se niega? ¿Cuánto miedo al fracaso y al futuro se sienta cada tarde junto a la familia?

No se trata de buscar culpables. Muchas de estas dinámicas nacen precisamente del amor, del deseo de ayudar y de años de preocupación. Una madre puede haberse convertido poco a poco en profesora, supervisora y responsable del rendimiento porque no veía otra forma de ayudar a su hijo.

Madre supervisa a su hijo adolescente mientras estudia.
Con la intención de ayudar, podemos convertirnos sin darnos cuenta en profesoras y supervisoras de nuestros hijos.

En El papel de los padres a la hora de los deberes: ¿profe o acompañante? encontrarás un test para descubrir qué papel has ido asumiendo y cómo empezar a modificarlo.

Pero esas dinámicas son modificables. Los padres tenemos muchas más posibilidades de actuación de lo que creemos.

Precisamente por eso, el coaching de aprendizaje o coaching de apoyo escolar no exige necesariamente comenzar trabajando directamente con el niño. Acabar con los problemas a la hora de estudiar o con el estrés de los deberes también puede empezar con la madre o el padre.

El modelo de la mesa de estudio Mind4Learn®: cinco elementos invisibles

En el modelo de la mesa de estudio Mind4Learn® de Schulglück hay cinco elementos invisibles que influyen en el aprendizaje.

Cuatro forman las patas que sostienen la mesa:

  1. La mochila escolar de la madre o del padre.
  2. La mochila escolar del niño.
  3. Las emociones relacionadas con el colegio y el aprendizaje.
  4. El papel de la madre o el padre.

El quinto elemento está sobre la mesa: los métodos y las estrategias que el niño utiliza para aprender.

Modelo de la mesa de estudio Mind4Learn con cuatro patas que representan la mochila parental, la mochila del niño, las emociones y el papel de la madre o el padre; encima están los métodos de aprendizaje.

El modelo de la mesa de estudio Mind4Learn® de Schulglück: cuatro elementos invisibles sostienen la mesa; el quinto —los métodos de aprendizaje— se encuentra sobre ella.

Una mesa estable crea las condiciones necesarias, pero no garantiza por sí sola un aprendizaje eficaz. También importa lo que el niño hace sobre ella. Memorizar una lista mediante repeticiones poco eficaces, estudiar todo de una vez, no repasar o hacerlo sin un sistema puede convertir el aprendizaje en una tarea innecesariamente difícil.

En Cómo ayudar a tu hijo a estudiar mejor: lo que dice la neurociencia explico qué principios favorecen un aprendizaje más eficaz y cómo aplicarlos en casa.

Eso explica por qué no debemos elegir entre trabajar las emociones o enseñar estrategias. Ambas cosas pueden avanzar juntas. Una técnica basada en la neurociencia puede producir una experiencia de éxito y ayudar a reconstruir la confianza del niño en su capacidad. Pero si se siente amenazado o vigilado, primero necesitamos modificar las dinámicas familiares que mantienen esa sensación.

En Mi hijo no quiere hacer los deberes: causas y cómo acabar con las peleas explico con más detalle estos cinco elementos y cómo influyen en las tardes de estudio.

¿Qué puedes cambiar tú como madre si tu hijo no quiere hacer coaching?

Mucho.

Puedes revisar qué miedos y creencias de tu propia etapa escolar se activan ante las dificultades de tu hijo.

Puedes intentar comprender qué experiencias lleva él en su mochila antes de interpretar su conducta como desinterés, comodidad o provocación.

Puedes observar qué emociones dominan las conversaciones sobre el colegio y qué efecto tienen sobre ambos.

Puedes dejar de ocupar el lugar de la profesora sin retirarte ni desentenderte. Acompañar no significa controlar cada paso. Significa estar disponible, crear condiciones favorables y devolver progresivamente al niño la propiedad de su aprendizaje.

También puedes aprender estrategias basadas en la neurociencia y utilizarlas de una manera que no te convierta de nuevo en profesora. Puedes modelarlas, incorporarlas a tu propia vida y ofrecerlas como posibilidades en lugar de imponerlas como una nueva obligación.

Cuando cambia la manera en la que la familia ve el aprendizaje, también cambia cómo tu hijo lo vive.

Si las discusiones forman parte de vuestro día a día, en Cómo afectan los deberes a la relación con tu hijo encontrarás otra mirada sobre lo que ocurre entre vosotros.

Empezar contigo no significa ignorar otras dificultades

Iniciar tú un coaching de aprendizaje no significa que el colegio deje de tener responsabilidades o que una dificultad de aprendizaje no necesite ser evaluada. Significa que ya no tienes que esperar inmóvil a que tu hijo acepte ayuda.

En ocasiones, detrás de años de frustración hay dificultades de aprendizaje sin detectar que necesitan ser reconocidas y atendidas.

Madre acompaña a su hija mientras ambas caminan por un sendero de montaña.
Acompañar no significa recorrer el camino por tu hijo, sino estar cerca mientras encuentra su propia manera de avanzar.

El coaching para madres no es una manera de cambiar a tu hijo a sus espaldas

Que tú hagas un coaching de aprendizaje no significa diseñar técnicas para convencer, manipular o corregir a tu hijo sin que se dé cuenta.

Significa poner el foco en aquello en lo que sí puedes influir: tu interpretación de la situación, tus emociones, tu manera de comunicar, el papel que has asumido y las condiciones que creas alrededor del aprendizaje.

El objetivo no es conseguir que tu hijo obedezca mejor. Es transformar una dinámica que está haciendo sufrir a toda la familia. O dicho de otra manera: es abrir posibilidades nuevas.

Quizá, cuando deje de sentirse el objeto de todas las intervenciones, tu hijo muestre curiosidad por recibir ayuda. Quizá quiera conocer otras estrategias o hablar con alguien. Y quizá no.

Su participación puede ser valiosa, pero no es el requisito para empezar.

Preguntas frecuentes cuando un hijo rechaza la ayuda escolar

¿Qué hago si mi hijo necesita ayuda pero no quiere recibirla?

Empieza por comprender qué está rechazando exactamente. Puede que no rechace aprender o mejorar, sino sentirse evaluado, corregido o tratado como el problema. Mientras respetas su negativa, puedes revisar las dinámicas familiares, tu propio papel y las condiciones que rodean al aprendizaje.

Mi hijo no quiere estudiar: ¿debo obligarlo a recibir apoyo escolar?

El éxito de todo coaching se basa en su carácter voluntario. Lo mismo ocurre con el coaching de aprendizaje.

La imposición puede aumentar, además, la resistencia si tu hijo interpreta la ayuda como otra forma de presión. Antes de obligarlo, conviene averiguar qué hay detrás del rechazo: experiencias de fracaso, miedo, bullying, dificultades de aprendizaje sin detectar, métodos poco eficaces o conflictos familiares alrededor del estudio. Si existen señales de sufrimiento psicológico grave o un riesgo para su seguridad, busca asesoramiento profesional cualificado.

¿Puede ayudarme este coaching si mi hijo no participa?

Sí. Puedes modificar tus respuestas, expectativas, cómo te comunicas con él y con el colegio y el papel que has asumido respecto al aprendizaje.

¿Cambiar de colegio puede resolver los problemas escolares de mi hijo?

Un colegio diferente puede ofrecer condiciones mucho más adecuadas y adaptarse mejor a tu hijo. Sin embargo, el cambio de centro no borra automáticamente el fracaso, la vergüenza, el miedo o la imagen negativa que haya ido acumulando. Por eso puede ser necesario también abrir, comprender y aligerar su mochila escolar y la tuya.

¿Cuándo conviene evaluar una posible dificultad de aprendizaje?

Cuando las dificultades persisten, el esfuerzo no se corresponde con los resultados o aparecen frustración intensa, evitación y una autoimagen cada vez más negativa, conviene buscar una valoración especializada. Reconocer una dificultad no convierte a tu hijo en el problema; permite comprender mejor qué apoyos necesita.

Tu hijo no tiene que estar dispuesto para que tú puedas comenzar

Si tu hijo rechaza cualquier propuesta de ayuda profesional, no tienes que convencerlo ni esperar a que cambie de opinión.

Puedes empezar preguntándote:

  • ¿Qué llevamos cada uno en nuestra mochila escolar?
  • ¿Qué emociones aparecen cuando hablamos del colegio?
  • ¿Qué papel he asumido yo?
  • ¿Qué dinámica se repite una y otra vez?
  • ¿Qué pequeña modificación está realmente en mis manos?

En una sesión de valoración podemos mirar juntas qué está ocurriendo con el colegio y el aprendizaje, identificar el primer punto en el que puedes intervenir y valorar si mi coaching de aprendizaje es el acompañamiento adecuado para vuestra situación.

No necesitas tener todas las respuestas. Y tu hijo no tiene que aceptar que alguien lo arregle.

Porque él no es un problema que haya que reparar. Y tú no estás condenada a esperar.

SI TE HA GUSTADO, O RESULTADO ÚTIL ¡COMPARTE!

Soy Lucía Uría

coach de aprendizaje

Ayudo a madres y padres a terminar con el estrés generado por los deberes o por el bajo rendimiento escolar de sus hijos.

Me encanta el mestizaje y tomar lo mejor de mis dos países, España y Alemania; de mi experiencia como docente y como madre; de mis estudios universitarios, Derecho y Traducción; y de mis aficiones, yoga, teatro físico y kárate. Soy de mar y de montaña.

Si quieres fortalecer la relación con tu hijo/a, descárgate mi guía: 6 claves para acabar con el drama de los deberes.

Deja un comentario

Deberes sin estrés

Ebook Gratuito 6 Claves para que no acaben en lágrimas y frustración